Empresas y ciudadanos empiezan a regatear las facturas de los abogados
El cambio en los sistemas de facturación es clave para mantener y justificar el valor añadido
(Imagen: E&J)
Empresas y ciudadanos empiezan a regatear las facturas de los abogados
El cambio en los sistemas de facturación es clave para mantener y justificar el valor añadido
(Imagen: E&J)
Hay una conversación incómoda que probablemente va a empezar a repetirse cada vez con mayor frecuencia entre abogados y clientes. El asunto ha terminado y llega la factura. Diez horas de estudio del expediente, seis de preparación del escrito, cinco de análisis documental, cuatro de investigación jurídica…
Y entonces el empresario, o simplemente el ciudadano que tiene que pagar la minuta, puede hacerse una pregunta que hace cinco años probablemente ni siquiera se le habría ocurrido: ¿realmente han sido necesarias todas esas horas o detrás de una parte del trabajo estaba la inteligencia artificial?
La pregunta puede molestar, pero no tiene nada de absurda. Porque el empresario tampoco vive ajeno a la revolución tecnológica. Probablemente utiliza ya inteligencia artificial en su propia compañía.
Y el ciudadano ha visto cómo estas herramientas son capaces de resumir un documento de cien páginas, comparar dos contratos, analizar un texto o elaborar un primer borrador en cuestión de segundos. El cliente, sencillamente, ya sabe que la IA existe. Y empieza a saber también lo que permite hacer.
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El impacto de la IA en los equipos legales
Hasta hace muy poco tiempo, detrás de un asunto jurídico complejo podía existir un pequeño ejército. El socio mantenía la relación con el cliente y definía la estrategia, pero debajo había asociados, abogados junior y personal de apoyo.

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Uno buscaba jurisprudencia, otro revisaba documentación, otro preparaba antecedentes y otro elaboraba el primer borrador; todo aquello eran horas humanas. Y, de una manera u otra, el cliente terminaba pagándolas. Pero una parte importante de esas tareas es precisamente la que está empezando a transformar la inteligencia artificial, y ello no significa que ya no haga falta el abogado.
Significa algo diferente: para determinados trabajos pueden hacer falta muchas menos horas de abogado. Y esto introduce una cuestión que el sector jurídico tendrá que afrontar tarde o temprano.
Si antes un trabajo necesitaba veinte horas y ahora, utilizando correctamente la tecnología, puede hacerse en cinco, ¿quién debe beneficiarse de las quince horas ahorradas? ¿El despacho?, ¿el cliente?, o ¿los dos?
Eficiencia tecnológica frente al ahorro de costes
Porque utilizar inteligencia artificial no debería ser motivo para criticar a ningún abogado. Al contrario. Si existe una herramienta que permite trabajar más deprisa, revisar más documentación o prestar un mejor servicio, lo razonable es utilizarla, siempre bajo la necesaria supervisión profesional.
El problema aparece si la tecnología reduce drásticamente el coste de producir el trabajo, pero la factura continúa calculándose exactamente como cuando aquella tecnología no existía.
Si anteriormente el cliente sabía que detrás del socio había tres abogados trabajando y ahora sabe que muchas de aquellas tareas pueden hacerse mediante IA, resultará cada vez más difícil convencerle de que debe seguir pagando exactamente lo mismo por las mismas horas teóricas de trabajo.

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Ahí aparece además un problema para el tradicional sistema de facturación por horas. La inteligencia artificial premia la eficiencia; la hora facturable, paradójicamente, puede castigarla. Si un abogado necesitaba diez horas para resolver un problema y gracias a la tecnología ahora necesita dos, se ha convertido en un profesional mucho más productivo. Pero si únicamente cobra por el tiempo empleado, esa mayor productividad significa que debería facturar menos.
La obsolescencia de la hora facturable: nuevos modelos
Es una contradicción que probablemente empujará a los despachos hacia otras fórmulas: precios cerrados, honorarios por proyecto, cuotas periódicas o sistemas en los que se pague cada vez más por el valor aportado y menos por el número de horas empleadas.
Este cambio en los sistemas de facturación es básico para mantener y justificar el valor añadido. Y no estamos hablando únicamente de grandes empresas negociando sofisticadas minutas con grandes bufetes. También puede ocurrir con la ciudadanía y pequeñas empresas.
En definitiva, el análisis de los nuevos sistemas de facturación, como hemos dicho, es clave para poder seguir manteniendo el valor añadido.

