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Tribunal Supremo

Insultar o agredir a un compañero en la comida de Navidad es motivo de despido procedente

El Supremo ha ratificado el cese de un empleado que atacó a un compañero en un restaurante cuando se hacía la celebración

(Foto: E&J)


Tribunal Supremo

Insultar o agredir a un compañero en la comida de Navidad es motivo de despido procedente

El Supremo ha ratificado el cese de un empleado que atacó a un compañero en un restaurante cuando se hacía la celebración

(Foto: E&J)



Insultar o agredir a un compañero en una celebración de empresa, aunque ésta se desarrolle fuera de las instalaciones de la organización, es causa de despido procedente. Así lo entiende la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, que ha dado la razón a una empresa que había despedido a un trabajador que insultó y agredió a un compañero tras una comida de Navidad en un restaurante. El juzgado de instancia estimó que el despido era procedente. Sin embargo, la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid dio la razón al trabajador despedido. Esto llevó a la compañía a recurrir en casación ante el Alto Tribunal.

En su fallo, el TSJ entendía que “los hechos que se imputan al trabajador en la carta de despido y han quedado acreditados, tuvieron lugar fuera del centro de trabajo y del horario laboral, constando que lo sucedido se originó por un desencuentro sobre la máquina tragaperras de dicho establecimiento, y no por causa vinculadas a la prestación de servicios, de lo que deduce que los hechos no se produjeron con motivo u ocasión del trabajo ni durante la jornada laboral”.



Los hechos motivo de controversia se produjeron el 21 de diciembre de 2018 en la comida de Navidad de la empresa. Al término de la celebración, y cuando los propietarios de la sociedad ya se habían marchado dejando pagado el coste de la comida, el trabajador después despedido se dirigió a un compañero profiriendo insultos contra él sin mediar provocación alguna por su parte. A continuación, intentó agredir físicamente al mismo compañero con una botella y después la abofeteó con billetero.

Al día siguiente, el dueño del bar llamó al gerente de la empresa y le contó lo sucedido. El gerente preguntó a los trabajadores y éstos, tras ratificar los hechos, manifestaron que estaban hartos del comportamiento de este empleado, el cual ya había sido sancionado en dos ocasiones por la empresa después de que bebiera alcohol en el trabajo y causara desperfectos. Estos mismos trabajadores firmaron una carta relatando los hechos.

El 3 de enero de 2019, la empresa entregó al trabajador carta de despido disciplinario con efectos a partir de ese mismo día, imputándole la comisión de determinados hechos que consideraba constitutivos de faltas muy graves de “malos tratos de palabra u obra y falta grave de desconsideración hacia los superiores, compañeros y subordinados”, previstas y tipificadas en los artículos 101.h) del convenio sectorial y el 54.2.C) del Estatuto de los Trabajadores.

Tribunal Supremo. (Foto: E&J)

La empresa expone en su recurso que las infracciones denunciadas alcanzan a los artículos 54.1, 54.2 c) y 55.4 del Estatuto de los Trabajadores. Argumenta que “las ofensas físicas al empresario o a compañeros de trabajo, por la profunda alteración que comportan de la convivencia en la empresa, se configuran como un incumplimiento grave determinante de la sanción de despido, pues quebrantan el deber fundamental de respeto y consideración indispensables en toda comunidad humana. Y por ello, entiende que tales actuaciones son sancionables con el despido, aunque se produzcan fuera del horario y lugar de trabajo”.

En el momento de hacer su valoración, la Sala del Supremo explica que sobre la facultad empresarial de sancionar la conducta realizada fuera de su horario y lugar de trabajo esa misma Sala de lo Social se ha pronunciado en una sentencia de 21 de septiembre de 2017 (recurso 2397/2015).

En ese fallo, el Supremo argumentaba que el deber de actuar conforme a las reglas de la buena fe que el artículo 5. letra a) del Estatuto de los Trabajadores es uno de los deberes laborales básicos a los que deben ajustar su actuación los trabajadores y es uno de los pilares básicos en los que descansa la prestación laboral. “Ninguna duda cabe que el trabajador ha de cumplir escrupulosamente con ese deber en el lugar y horario de trabajo” subraya el Supremo.

“Es igualmente indudable”, prosiguen los magistrados, “que esa obligación se mantiene, pero se relaja y flexibiliza enormemente, cuando no se encuentra en el lugar y horario de trabajo, sino que está en la esfera privada de su vida personal que tiene derecho a disfrutar de manera totalmente ajena a los intereses de su empresa”. Sin embargo, “esto no quiere decir que durante ese periodo disponga de bula absoluta para realizar actuaciones que vayan en perjuicio de la empresa, y que de haber sido efectuadas en horario de trabajo serían objeto de sanción”.

El Supremo afirma que el comportamiento del trabajador despedido afecta a la convivencia entre los compañeros de la empresa. (Foto: E&J)

En lo que al caso ahora tratado se refiere, y siguiendo la jurisprudencia de la propia Sala, el fallo señala que “constatamos que la actuación del demandante resulta constitutiva de un incumplimiento muy grave y culpable de sus obligaciones, tipificado en los artículos 54.2.c) del Estatuto de los Trabajadores y 101 h) del Convenio Colectivo del sector de la Construcción y obras públicas de la Comunidad de Madrid: malos tratos de palabra u obra y falta grave de desconsideración hacia los superiores, compañeros y subordinados”.

Terminan afirmando los magistrados del Supremo que “resulta nítida la afectación y vinculación de la conducta imputada con la relación laboral: incide sobre otros compañeros de la empresa, afectando a la convivencia entre los mismos y a la reputación del propio empleador, redundando en definitiva en su perjuicio”.

“Las graves ofensas proferidas por el demandante a sus compañeros, de palabra y físicas condicionaron irremediablemente las relaciones laborales entre ellos y también un deterioro para la imagen de la entidad empresarial, provocando su descrédito frente a terceros”, destaca la sentencia.

Termina señalando el tribunal que “los insultos vertidos, que alcanzaron un sesgo discriminatorio por razón de la raza, y las ofensas de obra, han trascendido las relaciones privadas, atentando a la dignidad de los propios compañeros de trabajo y repercutiendo en la empresa misma, de manera que la circunstancia del lugar en que acaecieron, o que su origen fuera un desencuentro sobre la máquina tragaperras, no puede enervar en este caso la sanción disciplinaria de despido y su calificación de procedente”.

Teniendo en cuenta estos argumentos, el Supremo estima el recurso de casación de la empresa y anula la sentencia del TSJ de Madrid.

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