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Estilo de Vida

El abogado malagueño y el placer

El placer solo se podrá repetir si se disfruta con moderación

(Imagen: E&J)

Tomás Crudité

Crítico gastronómico




Tiempo de lectura: 2 min

Publicado




Estilo de Vida

El abogado malagueño y el placer

El placer solo se podrá repetir si se disfruta con moderación

(Imagen: E&J)

Pablo, abogado de profesión, agradeció al camarero su rápido y atento servicio. Después se fijó en la contenida barriga baja de la copa de jerez, que seguía sudando de frío en su superficie, cuando repentinamente cambió su color neutro cristalino, por el color del “Tío Pepe” que la llenó con moderación, a medio cuerpo, pero con la luz del sol andaluz. Con respeto y la delicadeza que solo un andaluz sabe practicar en estos casos, sus dedos agarraron el tronco bajo de la copa para elevarla a su boca, donde sus labios, los de Pablo, y luego su paladar, le dieron la bienvenida a ese vino que la copa le facilitó. Vino de Jerez que no tiene miedo al frío, su sabor penetra con delicadeza espiritual, pero sin renuncia a su personalidad ante cualquier escenario.

Después, dos aceitunas verdes, solo dos, de un color verde descarado, frías, tersas, de piel fina y mojadas, compartieron el paladar de Pablo, que un poco después, agradecido, abandonó la cariñosa barra del bar marbellí que le acogió.

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Al salir, trató de olvidar los días comiendo platos regionales de diversos países de la Commonwealth con abogados ingleses en Londres. Pero no pudo olvidar la respuesta que le dio un “solicitor” de Cricklewood, cuando le preguntó por qué llenaban tanto los platos y los vasos de cerveza, a lo que el letrado inglés respondió: “Porque los ingleses somos hedonistas y como tales, cuando podemos, nuestro objetivo principal en la vida es buscar el placer, romper las normas, disfrutar el presente sin otro limite distinto de respetar la legalidad”.

Pablo, sin decirlo, se alegró de que España hubiera sido más romana que Inglaterra, y por ello griega, todo recordando a Epicúreo que, aun sosteniendo que el placer es el bien supremo y el propósito de la vida humana, proponía un placer moderado y racional, enfocado al disfrute, a la ausencia de dolor físico (aponía) y a la paz mental (ataraxia) y para conseguirlo, se decía a sí mismo, es imprescindible saber gobernar el deseo con moderación. Solo esta moderación puede transformar el placer en perenne porque lo convierte en esperanza, el sueño de los hombres despiertos que decían los griegos, porque el placer solo se podrá repetir si se disfruta con moderación.

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