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El manual de Cerdán sobre los juicios mediáticos y la presunción de inocencia

El exsecretario de Organización del PSOE, coincidiendo con el aniversario de su ingreso en prisión provisional, ha publicado un libro que se presenta como un testimonio en primera persona sobre el poder del relato y los efectos devastadores de los juicios mediáticos

(Imagen: Moncloa)

Diego Fierro Rodríguez

Letrado de la Administración de Justicia




Tiempo de lectura: 7 min

Publicado




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El manual de Cerdán sobre los juicios mediáticos y la presunción de inocencia

El exsecretario de Organización del PSOE, coincidiendo con el aniversario de su ingreso en prisión provisional, ha publicado un libro que se presenta como un testimonio en primera persona sobre el poder del relato y los efectos devastadores de los juicios mediáticos

(Imagen: Moncloa)

El libro que llega cuando el proceso aún respira

El martes 30 de junio de 2026, coincidiendo exactamente con el primer aniversario de su ingreso en prisión provisional por orden del magistrado Leopoldo Puente, el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán publica La caída. Poder, relato y destrucción en la era del juicio político. La elección de la fecha no es casual, como no lo es prácticamente nada en la comunicación política contemporánea. El libro se presenta como un testimonio en primera persona sobre el poder del relato y los efectos devastadores de los juicios mediáticos, y promete una reflexión sobre la presunción de inocencia como principio esencial del Estado democrático. La pregunta que suscita, sin embargo, no es si el libro es oportuno, sino si es prudente. Y la respuesta, desde la perspectiva del derecho de defensa, está lejos de ser unívoca.

Conviene fijar los hechos con precisión antes de adentrarse en el análisis. Santos Cerdán está imputado en dos causas que instruye la Audiencia Nacional. La primera, derivada del ‘caso Koldo’, le sitúa como presunto cabecilla de una trama de adjudicación de obra pública a cambio de comisiones. Un informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil le señaló por haber gestionado al menos 620.000 euros en mordidas, y su contenido fue lo bastante contundente como para que el propio Pedro Sánchez le pidiera que abandonara todas sus responsabilidades orgánicas, su acta de diputado y hasta el carné del partido. La segunda causa, conocida como el ‘caso de las cloacas del PSOE’, le atribuye el liderazgo de una presunta trama destinada a boicotear investigaciones judiciales que afectaban al entorno del Gobierno, con la colaboración de la exmilitante socialista Leire Díez. En esta segunda causa, Cerdán está imputado pero aún no ha sido citado a declarar.

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La paradoja de combatir el juicio mediático con otra forma de juicio mediático

El argumento central del libro es que Cerdán ha sido víctima de un juicio paralelo, de una condena mediática anticipada que ha destruido su honorabilidad antes de que los tribunales hayan dictado sentencia. La tesis no es novedosa —muchos investigados la han sostenido antes—, pero sí encierra una paradoja que el autor no parece haber advertido. Porque La caída no es un ejercicio de catarsis privada, sino un acto de comunicación pública deliberadamente programado para influir en la percepción social del autor. Y quien publica un libro para defenderse de los medios está, en realidad, utilizando los mismos mecanismos que denuncia: está construyendo un relato alternativo destinado a competir con el relato de la acusación en el terreno de la opinión pública.

Portada y contraportada de ‘La caída’. (Imagen: Amazon)

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Debe tenerse presente que el derecho de defensa asiste a todo investigado, y que la libertad de expresión ampara la publicación de un libro de memorias incluso cuando quien lo escribe está inmerso en un proceso penal. Pero una cosa es tener derecho a publicar y otra muy distinta es que publicar sea una buena idea desde la perspectiva de la estrategia defensiva. El libro de Cerdán no se limitará, según los extractos adelantados, a narrar su experiencia personal; se adentrará en la crítica de los informes de la UCO, en la denuncia de la cobertura mediática y en la reivindicación de la presunción de inocencia. Es decir, tomará posición sobre el material probatorio que la acusación maneja y que, en su día, será objeto de contradicción en el plenario.

Considero que esta decisión implica un riesgo procesal que ningún letrado minimizaría. Todo lo que Cerdán escriba en el libro podrá ser utilizado por las acusaciones para contrastarlo con sus declaraciones judiciales, para señalar contradicciones o para sugerir que ha intentado condicionar a los futuros miembros del jurado. La publicación de un libro de estas características antes del juicio oral no es ilegal, pero es imprudente. Equivale a conceder a la acusación un mapa detallado de la propia versión de los hechos antes de que el interrogatorio haya comenzado.

La presunción de inocencia como garantía procesal y no como coraza mediática

Uno de los ejes del libro es la reivindicación de la presunción de inocencia como principio esencial del Estado democrático. Y en esto, desde luego, Cerdán lleva razón. La presunción de inocencia es una garantía procesal que despliega sus efectos dentro del proceso penal, y que obliga a los tribunales a tratar al acusado como inocente mientras no recaiga sentencia firme que declare lo contrario. Pero la presunción de inocencia no es un derecho a la inmunidad frente a la crítica, ni un blindaje frente al escrutinio público, ni una prohibición de que los medios informen sobre los indicios que obran en un sumario. El Tribunal Constitucional ha señalado en reiteradas ocasiones que la libertad de información ampara la difusión de noticias sobre procedimientos penales en curso, siempre que los hechos sean veraces y la narración no incurra en juicios paralelos que desborden los márgenes de la presunción de inocencia.

Hay que reseñar que el libro de Cerdán parece confundir dos planos que conviene mantener separados. Una cosa es que los medios hayan informado sobre el contenido de los informes de la UCO —lo cual es legítimo, siempre que la información sea fiel a las actuaciones— y otra muy distinta es que esa información constituya un juicio paralelo que haya condicionado la actuación judicial. La diferencia es crucial: la presión mediática puede ser incómoda para el investigado, pero no vicia el proceso si el tribunal mantiene su independencia. Y sugerir lo contrario —como parece hacer Cerdán al afirmar que los informes de la UCO se han convertido en una maquinaria para destrozar la honorabilidad de las personas— es, en el fondo, imputar a los investigadores una desviación de poder que debería ser probada en el proceso, no afirmada en un libro.

(Imagen: RTVE)

La UCO como antagonista y el riesgo de la defensa ad hominem

Uno de los pasajes que más controversia está generando en los extractos adelantados es la crítica frontal de Cerdán a los informes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. El exdirigente socialista sostiene que esos informes se han convertido en una herramienta para destruir reputaciones y que su contenido no responde a una investigación objetiva, sino a una operación política. La acusación es grave, porque atribuye a un cuerpo policial de élite una conducta que, de ser cierta, integraría un delito de prevaricación o, cuando menos, una falta disciplinaria muy severa.

El problema es que esa acusación se formula en un libro, no en un escrito de defensa, y sin que, por el momento, exista resolución judicial que haya apreciado irregularidad alguna en la actuación de la UCO. La estrategia de atacar al investigador en lugar de rebatir la investigación es legítima en términos dialécticos, pero suele ser poco eficaz ante los tribunales. Los jueces no se impresionan con la descalificación genérica de la policía; esperan que la defensa concrete qué diligencias fueron irregulares, qué derechos fueron vulnerados y qué pruebas deben ser excluidas. El libro de Cerdán, por su propia naturaleza, no puede cumplir esa función, y sí puede, en cambio, predisponer al tribunal contra un acusado que, en lugar de defenderse en el proceso, ha optado por defenderse en las librerías.

Lecciones para los acusados que aún no han aprendido a callar

La publicación de La caída se produce en un contexto judicial particularmente delicado para su autor. Cerdán no es un simple testigo, ni un imputado de perfil bajo: es, según la acusación, el presunto cabecilla de dos tramas criminales gestadas en el núcleo de poder del PSOE. La primera de ellas ya ha dado lugar a la condena del exministro José Luis Ábalos y de su exasesor Koldo García a penas de 24 y 19 años de prisión, respectivamente, lo que sugiere que la investigación que lideró la UCO no era, precisamente, un montaje. La segunda está en plena instrucción, con Cerdán a la espera de ser citado a declarar ante el juez Santiago Pedraz.

En estas circunstancias, la publicación de un libro que critica a los investigadores, denuncia el juicio mediático y reivindica la presunción de inocencia puede ser muchas cosas, pero no es un ejercicio de prudencia procesal. La historia de los grandes procesos penales está llena de acusados que hablaron de más antes del juicio y que luego tuvieron que rectificar, matizar o desdecirse ante el tribunal. La defensa más eficaz no siempre es la más ruidosa, y el silencio, aunque no venda ejemplares, suele ser un aliado más fiable que la palabra impresa.

(Imagen: RTVE)

Reflexiones finales en torno a un libro que será leído con lupa por la acusación

La caída llegará a las librerías digitales el 30 de junio, y es previsible que alcance un volumen de ventas considerable, porque el morbo que despierta La caída de un exdirigente político es un combustible editorial de primer orden. Pero el destinatario más atento de sus páginas no será el lector curioso, sino el fiscal del caso. Cada afirmación, cada negación, cada crítica a la UCO y cada reivindicación de inocencia será contrastada con el sumario, con las declaraciones previas y con las que se presten en el futuro. Y si surge una contradicción, el libro dejará de ser un instrumento de defensa para convertirse en una mina de material impugnatorio.

La presunción de inocencia es un principio sagrado, y Cerdán tiene derecho a invocarla. Pero el modo más eficaz de defenderla no es escribir un libro, sino acudir al juicio con una estrategia procesal sólida y dejarse de relatos paralelos. Porque los relatos, cuando se publican antes de la sentencia, no sustituyen a la defensa: la complican. Y complicarse la defensa voluntariamente, cuando uno está imputado en dos causas penales de enorme gravedad, no es un acto de valentía, sino de temeridad. El tiempo dirá si La caída fue un acierto o un error. Pero lo que ya es seguro es que la acusación lo leerá con más atención que nadie. Y con más provecho.

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