Claude Monet y la tarta Tatin
En uno de los almuerzos en su casa, a la que solía invitar a conocidos y amigos, pues era un gran conversador, uno de los invitados, sabedor de su afición a la gastronomía, le explicó que había probado la tarta Tatin y que era extraordinaria
(Imagen: E&J)
Claude Monet y la tarta Tatin
En uno de los almuerzos en su casa, a la que solía invitar a conocidos y amigos, pues era un gran conversador, uno de los invitados, sabedor de su afición a la gastronomía, le explicó que había probado la tarta Tatin y que era extraordinaria
(Imagen: E&J)
A finales de la penúltima década del siglo XIX, las hermanas Stéphanie y Caroline Tatin eran propietarias de un hotel-restaurante en Lamotte-Beuvron (Francia) llamado Hotel Tatin. Ambas eran muy aficionadas a la repostería.
Un día Stéphanie, probablemente abrumada por las prisas al preparar una tarta de manzana tradicional, olvidó colocar la masa en el fondo del molde antes de añadir las manzanas caramelizadas. Al percatarse del error y, como buena administradora de su restaurante, intentó encontrar una forma de salvar esa materia prima y el tiempo invertido. La solución consistió en colocar la masa encima de las manzanas caramelizadas y luego hornear la tarta.
El resultado fue fantástico: al dar la vuelta a la tarta, vieron que las manzanas estaban tiernas y caramelizadas, mientras que la masa había absorbido los jugos de las manzanas, adquiriendo todo el aroma de la fruta. Ese mismo día ofreció a sus clientes la nueva tarta. El éxito fue rotundo. Como suele suceder en estos casos, los clientes del Hotel Tatin que fueron probando la nueva tarta —que pasó a denominarse tarta Tatin— fueron hablando de sus maravillas, produciéndose una importante transmisión boca-oreja que, en los siguientes años, ayudó a hacer popular a esa nueva receta.
Contribuyó especialmente a la popularidad de esta tarta el famoso pintor Claude Monet. Este artista era un gran amante de la gastronomía. Se dice que cada día, de entrante, comía una ensalada variada de crudités, cuyos componentes los obtenía frescos del impresionante jardín de su casa de Giverny, al noroeste de Francia, que necesitaba seis jardineros para su cuidado.
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Es cierto que Monet también utilizaba su inmenso jardín, además de para ilustrar sus ensaladas, como modelo para sus cuadros. Solía pintar a primera hora de la mañana y a última de la tarde, cuando la luz es más horizontal. En medio, dedicaba el tiempo a sus largas comidas y a las posteriores siestas.
En uno de los almuerzos en su casa, a la que solía invitar a conocidos y amigos, pues era un gran conversador, uno de los invitados, sabedor de su afición a la gastronomía, le explicó que había probado la tarta Tatin y que era extraordinaria. Esa noticia provocó que Monet se desplazara al Hotel Tatin para probar la nueva tarta. Le entusiasmó y se hizo amigo de las hermanas Tatin, a las que se atrevió a solicitar que, al servir la tarta, le añadieran un poco de crema pastelera. Monet difundió aún más la nueva tarta, que pronto entró en la carta del reconocido restaurante Maxim’s de París.
Hoy se sirve en los mejores restaurantes del mundo, con o sin crema. El origen de muchas recetas siempre se puede discutir en gran parte de sus detalles, pero en lo esencial lo más frecuente es que haya verdad; y una verdad común es que, en la cocina, como en otros aspectos de la actividad humana, los errores muchas veces se convierten en la antesala del éxito.
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